“Fue entonces cuando vi el Péndulo.
La esfera, móvil en el extremo de un largo hilo sujeto de la bóveda del coro, describía sus amplias oscilaciones con isócrona majestad.
Sabía, aunque cualquiera hubiese podido percibirlo en la magia de aquella plácida respiración, que el período obedecía a la relación entre la raíz cuadrada de la longitud del hilo y ese número p que, irracional para las mentes sublunares, por divina razón vincula necesariamente la circunferencia con el diámetro de todos los círculos posibles, por lo que el compás de ese vagar de una esfera entre uno y otro polo era el efecto de una arcana conjura de las más intemporales de las medidas, la unidad del punto de suspensión, la dualidad de una dimensión abstracta, la naturaleza ternaria de p, el tetrágono secreto de la raíz, la perfección del círculo.
También sabía que en la vertical del punto de suspensión, en la base, un dispositivo magnético, comunicando su estímulo a un cilindro oculto en el corazón de la esfera, garantizaba la constancia del movimiento, artificio introducido para contrarrestar las resistencias de la materia, pues no sólo era compatible con la ley del Péndulo, sino que, precisamente, hacía posible su manifestación, porque en el vacío, cualquier punto material pesado, suspendido del extremo de un hilo inextensible y sin peso, que no sufriese la resistencia del aire ni tuviera fricción con su punto de sostén, habría oscilado en forma regular por toda la eternidad…
…la Tierra giraba, pero el sitio donde estaba anclado el hilo era el único punto fijo del universo.
Por tanto, no era hacia la Tierra adonde se dirigía mi mirada, sino hacia arriba, allí donde se celebraba el misterio de la inmovilidad absoluta. El Péndulo me estaba diciendo que, siendo todo móvil, el globo, el sistema solar, las nebulosas, los agujeros negros y todos los hijos de la gran emanación cósmica, desde los primeros eones hasta la materia más viscosa, un solo punto era perno, clavija, tirante ideal, dejando que el universo se moviese alrededor. Y ahora yo participaba en aquella experiencia suprema, yo, que sin embargo me movía con todo y con el todo, pero era capaz de ver Aquello, lo Inmóvil, la Fortaleza, la Garantía, la niebla resplandeciente que no es cuerpo ni tiene figura forma peso cantidad o calidad, y no ve, no oye, ni está sujeta a la sensibilidad, no está en algún lugar o en algún tiempo, en algún espacio, no es alma, inteligencia, imaginación, opinión, número, orden, medida, sustancia, eternidad, no es tinieblas ni luz, no es error y no es verdad…”
domingo, 7 de octubre de 2007
El punto infinito
sábado, 6 de octubre de 2007
La isla que somos
miércoles, 3 de octubre de 2007
lunes, 1 de octubre de 2007
Cat's in the craddle
Verse 1
My child arrived just the other day Came to the world in the usual way But there were planes to catch and bills to pay He learned to walk while I was away He was talkin' 'fore I knew it And as he grew he said, "I'm gonna be like you, Dad, You know I'm gonna be like you."
Chorus
And the cat's in the cradle and the silver spoon, Little boy blue and the man 'n the moon. "When you comin' home?" "Son, I don't know when. We'll get together then. You know we'll have a good time then."
Verse 2
Well, my son turned ten just the other day. He said, "Thanks for the ball, Dad. Come on, let's play. Could you teach me to throw?" I said, "Not today. I got a lot to do." He said, "That's okay."
And he walked away and he smiled and he said, "You know, I'm gonna be like him, yeah. You know I'm gonna be like him."
Chorus
Verse 3
Well, he came from college just the other day, So much like a man I just had to say, "I'm proud of you. Could you sit for a while?" He shook his head and he said with a smile, "What I'd really like, Dad, is to borrow the car keys. See you later. Can I have them please ?"
Chorus
Verse 4
I've long since retired, my son's moved away. I called him up just the other day. "I'd like to see you, if you don't mind." He said, "I'd love to, Dad, if I could find the time. You see my new job's a hassle and the kids have the flu, But it's sure nice talkin' to you, Dad. It's been sure nice talkin' to you." And as I hung up the phone it occurred to me, He'd grown up just like me. My boy was just like me.
Chorus
Ugly Kid Joe
martes, 25 de septiembre de 2007
Qué puta!
El señor, paladín de las causas populares, de nombre elogiado en los diarios, dígame, por gentileza, si alguna vez en la vida se dignó pensar en las putas, excepto, es claro, en las inconfesables ocasiones en que las necesitó para revolcarse en la cama, pues hasta los incorruptibles necesitan satisfacer la carne, están sujetos como todos al instinto. Lecho infame, carne vil, bajos instintos en opinión del mundo entero…
Cuando una puta se desviste y se echa para recibir a un hombre y darle el supremo placer de la vida a cambio de una escasa paga, ¿sabe, ilustre combatiente de la justicia social, cuántos están comiendo de esa escasa paga? El propietario de la casa, el sublocador, la celestina, el comisario, el gigoló, el tira, el gobierno. La puta no tiene quién la defienda, nadie se levanta por ella, los diarios no dedican ni una columna a describir la miseria de los prostíbulos, es asunto prohibido. La puta solo es noticia en las páginas de los crímenes, ladrona, drogada, mariposa del vicio, presa y procesada, acusada de todos los males del mundo, responsable de la perdición de los hombres. ¿Quién tiene la culpa de todo lo malo que pasa en el mundo? Las putas, sí, señor.
¿El indomable abogado de los oprimidos tomó acaso conocimiento de la existencia de millones de mujeres que no pertenecen a ninguna clase, repudiadas por todas las clases, puestas al margen de la lucha y de la vida, marcadas a hierro y a fuego? Sin carta de reivindicaciones, sin organización, sin carrera profesional, sin sindicato, sin programa, sin manifiesto, sin bandera, sin horario, podridas de enfermedades, sin médicos en sanatorios ni camas en hospitales, con hambre y con sed, sin derecho a pensión, a fiestas, sin derecho a tener hijos, sin derecho a tener hogar, sin derecho a tener amor, sólo putas. ¿Lo sabe? Si no lo sabe sépalo de una vez por todas.
Las putas, en fin, son un problema policial. ¿Pero se imaginó, caritativo padre de los pobres si un día las putas del mundo unidas decretasen una huelga general, cerrasen la flor y se negasen a trabajar? Es como pensar en el caos, el día del juicio final, el fin de los tiempos…”
miércoles, 19 de septiembre de 2007
La plaga
lunes, 17 de septiembre de 2007
martes, 11 de septiembre de 2007
La desgracia de los pobres
domingo, 9 de septiembre de 2007
Habla la muerte
"Ahora présteme su caballo y escaparé de esta ciudad para evitar mi destino. Iré a Samarra y allí la muerte no podrá encontrarme." El mercader le prestó el caballo y el sirviente lo montó, hundió las espuelas en sus flancos y partió todo lo velozmente que el caballo era capaz de galopar. Luego el mercader fue a la plaza del mercado y me vio de pie en medio de la multitud, y se me acercó y me dijo: "¿Por qué le hiciste un gesto amenazador a mi criado cuando lo viste esta mañana?". "Ese no fue un gesto amenazador", le dije. "Fue sólo un respingo de sorpresa. Estaba asombrada de verlo en Bagdad, puesto que yo tenía una cita con él esta noche en Samarra."